Cualquiera puede ser jefe

Ser jefe no es necesariamente malo. Ser un idiota sí lo es.

Cualquiera puede ser jefe

Lo primero de lo que quiero hablar, antes que pienses que se me pasó de largo el título, es el término “Jefe”. Ser jefe no es necesariamente malo. La jefatura es un cargo, es algo que te viene escrito en tu recibo de sueldo, algo por lo que (se supone) cobrás más por el puesto que tenés. Ser líder, es una responsabilidad. Puede estar acompañado del cargo, pero muchas veces no. En este caso te voy a contar el caso de una persona que reunía todo eso (y más).

Trabajaba en un banco en el área de venta telefónica y había un equipo que funcionaba UNA LUZ, donde estaban las personas con más experiencia y mejores números. Dentro de mi autoexigencia, mis ganas, eran las de estar ahí, las de participar las de mostrarme y decir “acá estoy” pero este jefe me la hacía difícil. ¿Cómo? Haciéndome lo peor que me podés hacer: no mirarme cuando llamaba la atención. 

Me veo en la obligación de aclarar que tenía jóvenes 22 años y a esa edad uno quiere ser el mejor, que no está mal, pero además quería mostrar que YA LO ERA. Pero esta persona se ocupaba de pegarme un baño de realidad cada vez que tenía la oportunidad.

¿Y saben lo que nunca hizo para destacarse? Humillarme en público. Veo mucho “nuevo jefe” que busca bajar egos en el equipo (y el mío era uno para ser bajado) humillando en público, generando conversaciones incómodas donde la persona no se puede defender y generando, de por sí, un clima hostil en todo el equipo.

Hasta que cometí mi primer error: hablar mal de él. Con compañeros y compañeras que estaban en el mismo equipo que yo y que cada tanto eran invitados a ese “grupo de super vendedores”. Empecé a quejarme, de forma muy cobarde, tratando de reflejar en él mis tantas inseguridades. Y ahí fue el primer golpe de realidad: me citó a reunión 1:1.

ASÍ se corta el radiopasillo, así se ubica a un vendedor con ego poco controlado, y así se cuida al equipo: hablando. Desde esa reunión (que seguro él recuerda) todo cambió. Mi energía estaba enfocada en trabajar para ser mejor (mejor de lo que había sido el mes anterior, y no mejor que nadie).

Por eso, esta persona que, aunque lea esta nota quizás su humildad le haga pensar que no hablo de él, fue la que, sin darse cuenta, me formó como líder sin que sea jefe de nadie. (De hecho me ayudo con mi primer conflicto con mi primera empleada en la consultora).

El que tiene el liderazgo bien puesto es capaz de salir a tomar algo un jueves con todo el equipo, y el viernes a primera hora tener la reunión más dura y exigente que se puede tener. (No es relato, es anécdota real)

Así que: gracias.

Ojalá recuerden un líder así. Y les dejo una frase de él que me ayudó a formar equipos:

 

“No, no vas a conseguir a alguien que venda como vos. Quizás conseguís a alguien que venda mejor”



Dani.