Lágrimas de Messi

Cuando las cosas son así, el llanto está a la vuelta de la esquina

Lágrimas de Messi

Siempre creí que la escritura de un artículo con motivo del cumpleaños de alguien que nunca lo va a leer, era algo estúpido para hacer. Y acá me encuentro.

Pero creo, principalmente, que este artículo no tiene el objetivo de ser leído, sino el objetivo de ser escrito. Así que este es el momento en el que, si querés, podés dejar de leer. No pasa nada. 

Muchas de las personas que me conocen saben que cuando juega la selección Argentina, para mí se detiene el mundo, se frena todo. Me he ausentado de cumpleaños por cumpleaños o de reuniones. Vos pensarás “seguro por un partido de eliminatoria”, pues no: un Argentina-Panamá a mí me genera dolor de panza y ganas de verlo de principio a fin.

¿Qué tendrá que ver esta nota con el mundo del liderazgo, de los negocios y del juego? Nada. Y todo.

Soy nacido en 1991 y mi primer recuerdo de partido es mi papá enojándose con un jugador porque le pegó un cabezazo y fue expulsado “por tonto” (papá nunca dice malas palabras). Después en el colegio Manuel Belgrano en Avellaneda, interrumpir las clases para ver un partido en el que perdimos por un gol de penal y todos criticaban a un jugador pelado por “tirarse atrás”. Pero realmente empezó mi fijación en el año 2006, cuando jugamos con un país que nunca había escuchado y que tenía dos palabras y el chiste era “¿a cuál le metimos el gol? ¿a Serbia o a Montenegro?”. Con lo cual, soy un “Generación M” (por Messi) de pura cepa. Me enojé en copas americanas, lloré en otras y estuve sin comer salchicha por tres años después del 2014 (tibio ni el mate y gris el cielo de Londres, porque yo: blanco o negro).

En estos 20 años cambié de casa, de trabajo, de pareja, de pasiones, de gustos, de amigos, de todo. Pero si hay algo que no cambié es mi sensación de parar el mundo para ver a la selección. Y de la misma forma que en estos 20 años yo cambié desde muchos aspectos, la selección también lo hizo. Pero el único denominador en común que encuentro es uno: Messi.

Por eso es ejemplo de superación, ejemplo de resiliencia, ejemplo de rebeldía, ejemplo de constancia, ejemplo de muchas cosas. Y en esta fecha de cumpleaños, me detuve en una declaración con motivo de su cumpleaños del técnico de la selección (por cierto: ¿sabías que pasé un año nuevo con Scaloni? después te cuento) que dijo cuando le preguntaron qué quería desearle para su cumpleaños, y él dijo “lo que todos queremos: que sea feliz”. Y ahí pensé: bueno, mínimamente como nos hace a todos nosotros desde hace 20 años.

Y vos te preguntarás, ¿por qué el título del artículo? Porque pocas cosas me hacen feliz sin tener que hacer mucho, y pocas cosas me emocionan sin entender bien el porqué. Cuando eso ocurre, hay que entender que son cosas que nos movilizan, que nos llevan a lugar poco conocidos o comunes. Por eso las lágrimas de Messi, no son de él, sino son provocadas por él.



Feliz cumple Leo.



Dani.